La imparable crisis política y social que sacude a Haití más allá del terremoto

De Agencias

17 de agosto de 2021, 7:00 AM

Compartir

José Beltrán Contreras

El terremoto magnitud 7,2 que azotó el sur de Haití el sábado 14 de agosto terminó por añadir una nueva tragedia a un país que aún no terminaba por asimilar el magnicidio del presidente Jovenel Moïse, ocurrido en medio de la pandemia del covid-19.

Hasta este lunes, el Gobierno haitiano reportaba más de un millar de víctimas fatales y unos 6.900 heridos en los departamentos Sur, ​​Grand’Anse y Nippes.

En cifras preliminares, se estimaron más de 13.500 casas destruidas y otras 13.700 viviendas con daños.

 El primer ministro Ariel Henry declaró estado de emergencia en el país y se comprometió a “actuar con más celeridad” para ayudar a los damnificados.

“La gestión de la ayuda va a ser acelerada”, dijo Henry sobre la movilización de la comunidad internacional para aliviar la situación humanitaria actual, incluyendo las toneladas de alimentos y los equipos de rescate ofrecidos por países latinoamericanos.

Mientras la ayuda humanitaria se encamina a Haití, los ciudadanos viven en la incertidumbre sobre si los envíos podrán ser suficientes para paliar las necesidades básicas de una población que lucha cada día por adquirir lo justo para sobrevivir.

Todo esto en medio del recelo que despierta la movilización de la comunidad internacional, con un pasado lleno de abusos, la búsqueda de intereses propios y una completa desorganización para ayudar a los más necesitados en la nación.

Crisis política

El terremoto que sacudió el sur del país ahondó aún más la crisis política que vivía el país, previo al magnicidio de Moïse, presuntamente perpetrado por 18 exsoldados colombianos, un empresario haitiano radicado en Florida (EE.UU.) y 20 policías del país antillano, incluyendo a varios agentes de la seguridad presidencial.

“Haití pasa por una crisis muy profunda, en una situación sin igual, que la Constitución no ha previsto”, dijo a RT Jean Waltés Bien-Aimé, un periodista y profesor de inglés y español que da clases en un liceo de la provincia de Arcahaie, a unos 45 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital haitiana.

Bien-Aimé utiliza la palabra embrollo para definir la crisis política que se vive en Haití desde el 7 de febrero de 2021, cuando Moïse decidió continuar por un año más su mandato, con la excusa de que la Constitución contemplaba un período de cinco años y alegando que él había asumido su el 7 de febrero de 2017, ya que las denuncias de fraude e irregularidades durante las elecciones de octubre de 2015 obligaron a la repetición de los comicios un año después, en los que ganó por mayoría en un ejercicio de participación que no llegó al 20 %.

De esta manera, el candidato del partido del Partido Haitiano Tèt Kale (PHTK) ignoró que la Constitución establece que el presidente electo “entra en sus funciones inmediatamente después de la validación de la boleta y se considera que su mandato comenzó el 7 de febrero del año de la elección”.

Esto significaría que el inicio de la presidencia de Moïse debía considerarse a partir del 7 de febrero de 2016, y por lo tanto, no debía asumir en 2017, como finalmente ocurrió.


Compartir